En ese continuo funcionar de la mente, a menudo me dedico a mirarme mucho a mí mismo, y no precisamente para corregirme o pulirme en todas esas cosas que debo cambiar, que debo corregir... sino atendiendo a cosas como lo físico, como mi forma de relacionarme, como mi supuesta forma de ser y otra serie de cosas que no tienen especial importancia y que provienen de un sistema de creencias injusto y superficial que se extiende entre el conjunto social, y que a pesar de reconocerlo y saber que no es real, no puedo dejar de tener en cuenta y de ceñirme en mayor o menor medida a él.
Resulta impactante comprobar cómo la mente no para de funcionar, y haga lo que haga, ella siempre está ocupada en una sucesión encadenada de pensamientos que quizá tengan relación con lo que estoy viviendo en ese momento, o tal vez no tengan absolutamente ninguna relación. En cualquier caso, lo frustrante es darse cuenta de que la mente ha adoptado entidad propia y sigue su propio camino a menudo dificultando la experiencia con el mundo real por estar atravesando otros paraderos (miedos, deseos, ilusiones, posibilidades, etc.) cuando en realidad su utilidad sería la de apoyar, facilitar y optimizar la interacción con la realidad física, con lo fáctico.
Soy consciente de que para solventar este problema, la solución es respirar y respirar, no prestar atención a esos pensamientos-relámpago que sacuden la calenturienta imaginación que se dilata con el más mínimo soplo de distracción. Debo reconocer también que he descuidado este punto con frecuencia y facilidad: hasta no hace demasiado veía esto de estar siempre pensando en cosas como algo normal; ahora creo que no es algo muy útil y que me ha creado muchas preocupaciones insignificantes, innecesarias y obstaculizantes de otras tareas que si requieren mayor atención. Así que voy a respirar, aunque se me olvide, o aunque me resista por inercia, voy a insistir, no quiere perder más tiempo ni energía en divagaciones sin fundamento y sin objetivo.
Hay muchos tipos de pensamientos, el que más quiero tratar es el tipo de pensamientos que dirijo hacia mí mismo, creando numerosas polaridades que me hacen subir y bajar cayendo en ilusiones con las que me creo especial, o amigable, o guapo, o inteligente, o bueno; así como después creo también en que más bien soy los puntos opuestos: desagradable, feo, estúpido, etc.
Me perdono por haber aceptado y permitido resistirme a respirar, creer que esto no sirve para nada y querer continuar como hasta ahora participando de la mente.
Me perdono por haber aceptado creer que yo soy mi mente y que todo lo que creo es mi sistema de valores que me define y por lo que me caracterizo frente a otros.
Me perdono por haber aceptado y permitido juzgarme por todos estos años pensando y creer que he sido estúpido y he perdido tiempo identificandome con ideas que no son más que ideas pero que no llevan a nada.
Me perdono por haber aceptado juzgar a las personas por imaginar que funcionan todos igual (con un sistema de creencias) y creerme mejor que ellos por ser consciente de que esto es una ilusión.
No obstante, este punto me parece problemático, pues si bien tenemos un conjunto de creencias que en su mayoría son tópicos o cuestiones banales, no creo que todas ellas lo sean, pues de ser así entraríamos en una peligrosa situación de relatividad moral. No creo que alguien pueda estar en posición de establecer y determinar cuáles son los valores a tener en cuenta, entonces lo que toca sería quizá hacer un debate para al menos acercarnos a esos principios fundamentales, delimitar lo máximo posible. El valor primero y fundamental es la propia vida y debemos ocuparnos de hacer lo mejor para todos.
Me perdono por haber aceptado creer que las personas tienen gustos e inquietudes distintas y que es inevitable que haya un mínimo de choques y conflictos.
Me gustó mucho tu blog!!
ResponderEliminarEs realmente impresionante ver cómo la mente no se detiene, y cómo hemos podido vivir así desde siempre. El respiro es el lugar donde podemos pararnos del torbellino mental, tenemos que hacerlo efectivo. Gracias!